lunes, 2 de diciembre de 2013

infinitos

Y cuando la realidad se convirtió en una silueta blanca te paraste en medio del parque, en medio de la neblina y gritaste mi nombre, entonces me dispuse a correr violentamente entre esa cortina para difuminarte cada vez menos y cuando estuve suficientemente cerca te perdiste de nuevo entre ese monstruo blanco que envolvía todo, corrí de nuevo a la torre para intentar alcanzar tu silueta cuando escuche que me susurraste al oído –detente- y sentí como la primera gota de sereno en el pétalo más alejado tu mano en mi espalda, -ya todo acabo, abre los ojos- y me voltee completamente para verte sentada entre incontables hojas, entonces sonreíste y paso de nuevo, me llenaste el corazón con tus reflejos y esa sonrisa tan tuya que incluso el tiempo la disfrutaba despacito, -ahora estamos juntos- me dijiste como quien dice su primer deseo bajo la luz diurna, y yo solo pude tomarte en brazos pero en el momento justo en el que mi piel entro en contacto con la tuya el tiempo fue cada vez más despacio, los segundos comenzaron a detenerse hasta ir para atrás.


Cerré los ojos porque dentro de mi sabía que existía esa posibilidad funesta de que ya no estuvieses afuera y así poco a poco el tiempo fue agarrando fuerza de nuevo y justo en ese día blanco y frio funciono como normalmente nos acostumbra, eran como las cuatro de la tarde y estaba sentado con los pies mojados por los charcos entre el piso de piedra, no te veía por ninguna parte porque solo la neblina estaba en todos lados, me dedique a esperarte sentado en una orilla cerca de la torre que estaba en el centro del parque, en donde siempre o por lo menos algún jueves nos tomábamos de la mano y nos decíamos el mundo de a poquito cerca del oído, pero ahora eran solo siluetas, casi se sentía en los hombros el peso de la nube que besaba todos los espacios vacíos, entonces como niña que siempre fuiste te acercaste a mi sin que yo pudiera verte y con toda la suavidad de un incienso me dijiste al oído –encuéntrame- y yo me puse a jugar a buscarte como el niño que siempre fui cuando tú estabas cerca, se me ocurrió que en la torre iba a poder ver una mancha entre ese mar de humo que estaba dormido, y así fue, te vi corriendo entre ese lienzo virgen, como un sueño escapando de las garras del tiempo, después de un giro o dos ya no pude verte fue ahí justamente cuando gritaste mi nombre, pero era un grito diferente como ahogado entre esa pantalla que no me dejaba verte corrí con miedo de los segundos que estaban por venir, corrí con fuerza entre toda la niebla pero no fue suficiente, tú ya no estabas, entonces corrí desesperado para volver a buscarte en otra parte y justo cuando estaba dispuesto a entrar de nuevo a la torre me tocaste como un sueño celeste lleno de estrellas binarias y otros astros, tus dedos jugaron con mi pelo y yo me voltee para verte, me viste a los ojos y el tiempo se detuvo completamente y justo antes de ir para atrás me dijiste –seremos infinitos-.

Y cuando la realidad se convirtió en una silueta blanca te paraste en medio del parque, en medio de la neblina y gritaste mi nombre...


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