Te llevo
entre el esqueleto
que resguarda mi pecho
tal como tu nombre
lo predijo en la promesa
de tu ausencia
en la residual existencia
que deja tu abandono
amargamente inevitable
como el andar en la
desabrida arena que
escurre entre sus segundos
un equinoccio
mortalmente conmovedor
y desgarradormente real
por el viento frío que
conmueve y que no abandona
nunca estos huesos
que llevan tatuado tu nombre
en cada silencio que
tan putamente te suple
tan precariamente reproduce
una sonrisa tuya
tan solo como un pasado
recorriendo amargamente
su ruta neuronal
todo eso que bellamente
otorgabas para la vida
y que ahora
caoticamente
estructura aquello que mas extraño
y mas destruye el sentido
de mis momentos.
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