Hay algo sabes
cuando te quedas quieto
y ni siquiera tus frecuencias
ondulan,
cuando dejas por fin
de utilizar tu pupila
para proyectar
una distracción
lo suficientemente irreal
y paradojicamente basta,
cuando las aguas oculares
por fin entran en calma nocturna
y están lo suficientemente vacuas
para descubrir su realidad
que tanto se esfuerza
por enterrar allá
en donde su soplido
no nos alcance los pasos
y manche con huellas perfumadas
todo nuestro sendero
huellas profundamente dolorosas
ad astra per aspera
siempre huellas de miedo y certeza
porque no terminan de entregarse
no terminamos el acoplamiento
aunque ya este todo hecho
cuando sale el sol
volvemos al sueño
y nos arrancamos los ojos
para dejar de ver
el camino entre la mierda
que nos cansa el acenso
y nos sentamos en el quebranto
que vestimos de
enteras entregas
de nuestras manos y nuestras conciencias
para evitar la caída mortal
a esa realidad tan
cristica y demoníaca
que en el posible infinito
del vaciamiento
ya no se acerca como
un paralelismo infinito
sino como una helicoidal
estructura armónica
que juega a ser vida en el caos
y muerte en el renacimiento.
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